8M: profesión feminizada, profesión precarizada

8M: profesión feminizada, profesión precarizada

Hoy, 8 de marzo, conviene volver a decirlo claro: el trabajo social no es vocación. Es una profesión cualificada que requiere formación técnica, que implica responsabilidad jurídica y ética y que, además, sostiene cada día una enorme carga emocional. Reducirlo a una supuesta “vocación” no sólo simplifica lo que hacemos: también sirve para justificar condiciones laborales que muchas veces están muy lejos de lo que debería ser un trabajo digno.

Las profesionales del trabajo social afrontan situaciones complejas, toman decisiones que afectan a la vida de las personas y trabajan en primera línea con realidades marcadas por la vulnerabilidad, la desigualdad y la exclusión. Esa responsabilidad exige reconocimiento profesional, estabilidad laboral y recursos suficientes para poder desarrollar el trabajo con garantías.

Sin embargo, el trabajo social sigue siendo una profesión marcada por la precariedad. Contratos inestables, plantillas insuficientes y una sobrecarga constante forman parte del día a día de muchas profesionales. Una realidad que contrasta con la importancia social de una profesión que resulta imprescindible para sostener el sistema de protección social.

No es casualidad que ocurra en una profesión claramente feminizada. Cuando un trabajo lo realizamos mayoritariamente mujeres, el sistema tiende a presentarlo como algo “natural”, a despolitizarlo y a restarle valor. Este 8M, desde el Colegio Oficial de Trabajo Social de Granada, volvemos a reivindicar algo sencillo y necesario: un trabajo social digno.