

El 12 de octubre no es un día de celebración, sino de memoria y resistencia. Nos recuerda el inicio de un proyecto colonial que impuso la violencia, el despojo y el racismo sobre los pueblos originarios, abriendo un ciclo de dominación que aún hoy sigue vivo.
Ese mismo patrón colonial se reproduce en otras geografías: en la ocupación y el genocidio del pueblo palestino, en la expoliación de territorios, y en las múltiples formas de control y deshumanización que sostienen el poder sobre los pueblos.
Recordar el 12 de octubre es reconocer que la colonialidad no terminó, que sigue mutando, y que las luchas por la liberación y la dignidad de los pueblos son parte de una misma historia.
El trabajo social también debe apostar por la memoria, la verdad y la reparación.
NO HAY NADA QUE CELEBRAR
