El espejismo de la protección: cuando el sistema falla a la infancia

El espejismo de la protección: cuando el sistema falla a la infancia

Vivimos con la idea de que nuestro sistema protege a la infancia frente a la violencia. Pero esa idea es, en muchos casos, un espejismo. Bajo la apariencia de protección, lo que encontramos son instituciones atravesadas por prejuicios y estereotipos que, lejos de garantizar seguridad, dejan a las criaturas en una situación de vulnerabilidad extrema.

El mito de la protección se desmorona cuando la figura del padre se pone en cuestión. La experiencia demuestra que, incluso en contextos de abuso o maltrato, las instituciones suelen proteger la autoridad paterna antes que a la infancia. Se llega a permitir que los agresores mantengan el control sobre el entorno familiar a través de sus hijas e hijos, mientras las madres que intentan proteger son criminalizadas o desacreditadas.

La falsa idea de neutralidad institucional esconde una ideología profundamente machista, que parte de estereotipos sobre cómo debe comportarse una mujer, cómo debe ser una madre y cómo se concibe la autoridad del padre. De ahí que intentos de protección se interpreten como manipulación, que denuncias se transformen en sospechas y que la infancia quede desprotegida en el momento en que más necesita respaldo.

Un sistema que no protege, que no escucha, que consiente la violencia y que cuestiona a quien trata de frenarla, no es un sistema de protección: es un entramado que reproduce desigualdades y perpetúa daños.

El reto es urgente: cuestionar el papel de las instituciones, reconocer los fallos estructurales y construir mecanismos de protección reales. Sólo así podremos garantizar que la infancia no siga creciendo bajo la falsa promesa de una protección que nunca llega.