

Nuestra propuesta es sencilla pero contundente: queremos que la infancia deje de ser la gran olvidada. Para eso, la reforma de la Ley de Infancia debe incluir medidas claras:
- Prohibición total del SAP y de cualquier pseudodiagnóstico sin base científica. Que no haya resquicios para interpretaciones laxas ni excusas para su uso.
- Escucha real y respetuosa a niños y niñas. Sin coacciones, sin minimizar sus relatos, sin que nadie hable en su lugar. Su voz debe estar en el centro.
- Formación continua obligatoria para todas las profesiones implicadas. Trabajo social, psicología, derecho, medicina, educación… todas deben contar con preparación actualizada en derechos de infancia, igualdad y violencia vicaria.
- El interés superior del menor como principio rector. No como fórmula vacía, sino como guía práctica y exigible en cada decisión administrativa o judicial.
- Sanciones claras para quienes vulneren la ley, para que no se convierta en letra muerta ni se aplique según el criterio de cada profesional o juzgado.
Con estas medidas, la ley no sólo nombrará la protección de la infancia: la hará real y efectiva.
