

Mientras los Gobiernos del mundo se reparten declaraciones diplomáticas y la ONU celebra cumbres que no frenan nada, en Gaza las niñas, los niños, las madres y las personas mayores mueren. No sólo por bombas. También por hambre.
Más de 60.000 personas han sido asesinadas desde que Israel reanudó su ofensiva militar tras la tregua rota. Ahora, en pleno verano, el horror ha mutado. Las armas siguen golpeando, pero el nuevo campo de batalla es el estómago vacío. La hambruna ya es real y está siendo usada como herramienta de exterminio. El sistema de salud está colapsado. La ayuda humanitaria no entra. Las familias palestinas malviven entre ruinas, sin agua potable, sin medicamentos, sin alimentos básicos.
La comunidad internacional lo sabe. Y lo permite.
Israel ha ignorado las resoluciones del Consejo de Seguridad, ha desafiado las medidas cautelares dictadas por la Corte Internacional de Justicia y ha despreciado la orden de detener el asedio a Rafah. Lo hace con la complicidad de las potencias occidentales que siguen suministrando armas, tecnología y legitimidad diplomática. Cada euro, cada contrato comercial, cada silencio cómplice es parte de este crimen.
Desde el Colegio Oficial de Trabajo Social de Granada, nos negamos a mirar hacia otro lado. No podemos hacer como si esto no nos interpelara. El trabajo social tiene un compromiso irrenunciable con los derechos humanos, con la defensa de la vida, con la justicia social. Lo que ocurre en Gaza no es un conflicto: es un genocidio. Un crimen planificado, prolongado y consentido.
Por eso hacemos un llamamiento:
- A movilizarnos en las calles, a exigir a nuestros gobiernos que rompan relaciones con Israel.
- A presionar para el embargo de armas y la suspensión de acuerdos económicos y académicos.
- A apoyar campañas de boicot y desinversión impulsadas desde la sociedad civil palestina.
- A sostener, con nuestros medios, a las organizaciones humanitarias que sí están llegando sobre el terreno.
- A denunciar públicamente este exterminio, desde nuestras redes, en nuestros entornos, en nuestros espacios profesionales.
El silencio ya no es neutralidad. Es colaboración.
Decimos basta. Ni un día más de indiferencia. Ni un día más de muerte impune.
Gaza nos necesita. Hagamos lo que esté en nuestras manos. Ahora.
