La diversidad familiar existe, pero la atención social sigue sin verla

La diversidad familiar existe, pero la atención social sigue sin verla

Este mes lo dedicamos a pensar en la diversidad de familias y a revisar cómo nuestras instituciones siguen operando desde un único modelo. Abrir esta conversación implica reconocer que no basta con nombrar la diversidad: hay que integrarla en la práctica profesional.

La reflexión de Carolina Checa, sexóloga y trabajadora social, nos sitúa ante una evidencia que atraviesa el sistema: “Las familias LGTBIQ+ estamos creando un modelo diverso que resulta incómodo para el sistema de atención social”. Esa incomodidad no surge al azar. Se sostiene sobre estructuras que continúan tomando como referencia “la configuración familiar más legítima: heterosexual, biparental y basada en la pareja romántica”.

Carolina recuerda que en muchos servicios “la diversidad familiar no aparece en categorías, formularios ni protocolos; sigue tratándose como una excepción”. Esta ausencia tiene efectos concretos: “Hay una falta enorme de reconocimiento simbólico y jurídico, lo que nos relega a un plano secundario”.

Abrimos este mes un espacio para pensar estas ausencias estructurales y preguntarnos cómo avanzar hacia un sistema que reconozca todas las formas de familia desde el origen, sin casillas imposibles ni excepciones forzadas.