

Lo que está ocurriendo en Torre Pacheco (Murcia) va mucho más allá de un incidente aislado. Es la demostración de cómo el racismo se alimenta y se organiza, cómo la ultraderecha convierte el dolor y la confusión en un arma para perseguir a quienes ya viven en la cuerda floja. Tras la agresión a un anciano, sin pruebas y con la propia víctima desmintiendo los bulos, grupos de ultraderecha han salido a las calles a señalar, hostigar y agredir a personas migrantes, convirtiéndolas en el blanco de su odio.
No hablamos sólo de discursos. Hablamos de barricadas, violencia física, casas asaltadas y vidas aterrorizadas. Mientras tanto, muchas instituciones miran a otro lado o reaccionan tarde, dejando que la impunidad crezca y el miedo se instale.
Como colegio profesional, con una función social y pública clara, no podemos permanecer en silencio. El trabajo social existe precisamente para defender derechos, sostener vidas y denunciar las estructuras que perpetúan la injusticia. Nuestra profesión no es neutral ni debe serlo ante la violencia racista y los intentos de dividir y enfrentar a vecinas y vecinos.
Desde Granada alzamos la voz para exigir a las instituciones que garanticen la seguridad y los derechos de todas las personas, sin importar su origen; a la ciudadanía, que no se deje arrastrar por quienes siembran odio para sacar rédito; y a nuestras compañeras del trabajo social, que sigan estando en primera línea, construyendo convivencia y defendiendo la dignidad humana allí donde el racismo pretenda imponerse.
