No son mano de obra: son personas

No son mano de obra: son personas

Demasiado a menudo se habla de migraciones con un enfoque puramente utilitarista: que si vienen a sostener el sistema de pensiones, que si hacen los trabajos que “nadie quiere”, que si necesitamos mano de obra joven. Incluso los discursos bienintencionados acaban reduciendo a las personas migrantes a cifras, necesidades económicas o beneficios para nuestro país.

Pero las personas migrantes no son herramientas ni estadísticas. Son personas con proyectos de vida, con derechos, con sueños, con miedos, con historias que no tienen por qué justificar constantemente. No están aquí para mantener nuestra economía, ni para servirnos, ni para “completar” nuestra pirámide poblacional.

Están aquí porque tienen el mismo derecho a buscar una vida digna que cualquiera. Y porque, aunque a menudo se nos olvide, todas compartimos el mismo mundo.

Por eso es tan importante construir una mirada que no sea paternalista ni instrumentalizadora, que no valore a las personas migrantes sólo por lo que pueden aportar al crecimiento económico, sino simplemente por lo que son: personas con la misma dignidad y derechos que tú y que yo.