

Este mes, desde el Colegio Oficial de Trabajo Social de Granada, queremos poner palabras donde a menudo ha habido silencio: no existe el “buen padre maltratador”. La violencia no se disfraza ni se minimiza por la relación biológica o afectiva porque quien maltrata a sus hijos o hijas no es sólo un mal padre, es una persona que ejerce violencia y rompe la vida de quienes tiene cerca.
Desde el trabajo social, nuestra responsabilidad empieza por mirar también hacia dentro. Muchas veces hemos sido socializadas y socializados en el modelo de familia tradicional, donde la figura del padre está por encima de los derechos de la infancia. Revisar esas ideas no es un ataque al modelo familiar, sino un compromiso profesional: no podemos reproducir lógicas que priorizan al agresor sobre la protección de niñas y niños.
Pero el trabajo social no sólo se cuestiona a sí mismo, también tiene que intervenir sobre las instituciones. Hay organismos que, incluso sin querer, refuerzan el poder del maltratador sobre los menores. Nuestro reto es visibilizar estas situaciones y poner límites claros: la protección de la infancia nunca puede pasar por alto la violencia de género.
Nombrar las cosas por su nombre también es una intervención social. Decir “maltratador del niño o la niña” en lugar de “el padre del niño” es más que un cambio de palabras: es una decisión ética y profesional que coloca la seguridad de la infancia por encima de cualquier apariencia de normalidad familiar.
Durante noviembre vamos a compartir reflexiones, testimonios y materiales que ayuden a reforzar este mensaje: un maltratador no es buen padre, ni buena persona, ni buen nada. Y el trabajo social tiene que estar ahí para que eso quede claro.
