“Un maltratador no es un buen padre”: el Colegio de Trabajo Social de Granada alza la voz este 25N

“Un maltratador no es un buen padre”: el Colegio de Trabajo Social de Granada alza la voz este 25N

Hoy, 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, volvemos a situarnos del lado de las mujeres y de la infancia. Volvemos a decir algo que todavía cuesta que cale en instituciones, juzgados y en parte de la sociedad: “un maltratador no es un buen padre”. No puede serlo. Y sostener lo contrario forma parte del mismo entramado que permite que la violencia siga atravesando vidas enteras sin reparación, sin escucha y sin garantías de protección.

Desde el trabajo social sabemos que la violencia machista no se compartimenta. No hay muros entre lo que el agresor hace a la madre y lo que viven sus criaturas. Lo que se destruye en un hogar marcado por el miedo es la posibilidad misma del cuidado. Y, aún así, durante demasiado tiempo se ha proyectado la figura del “buen padre” como si la paternidad pudiera mantenerse intacta mientras la mujer es dañada, anulada o aterrorizada.

Esa idea -que un hombre puede ser violento con su pareja y, aun así, ser un padre válido- es un mito que se sostiene en un marco institucional, cultural y profesional que sigue mirando la paternidad como un derecho incluso cuando hay violencia, y que sigue exigiendo más a las madres que a los agresores. Se evalúa a las víctimas, se cuestionan sus decisiones, se las empuja a “favorecer el vínculo paterno”. Pero, ¿a qué coste?, ¿con qué impacto?, ¿sobre quién recae la carga?

Poner la infancia en el centro implica dejar de mirarla como un apéndice adulto, como algo que se corrige, se tutela o se administra. Implica escucharla y reconocerle un derecho básico: vivir sin miedo.

Lo que desmontamos hoy

En nuestra campaña señalamos algunos de los mitos que más daño hacen:

“Con sus criaturas nunca ha sido violento”
La violencia contra la madre también es violencia contra la infancia. No existen vidas paralelas al miedo. No hay paternidad posible mientras exista terror, desigualdad y dominación.

“Tiene derecho a ver a sus hijos”
Los derechos parentales no pueden situarse por encima del derecho de la infancia a estar segura. El contacto con un agresor no es un derecho: es un riesgo.

“Hay que garantizar el contacto con ambos progenitores”
El interés superior del menor no se mide en visitas, custodias o calendarios. Se mide en seguridad emocional, en estabilidad y en la ausencia total de violencia. No hay cuidado donde hay daño.

“Cumplir el protocolo es lo importante”
Nuestro deber no es reproducir el sistema: es garantizar derechos humanos. Cuando la normativa no protege lo suficiente, nuestra ética profesional exige adaptarla a la realidad, no mirar hacia otro lado.

“Con terapia puede cambiar”
La violencia machista no es un problema emocional ni un error corregible. Es poder, desigualdad y dominación. La terapia puede ser una herramienta, pero nunca una garantía, y jamás puede situarse por encima del derecho de la infancia a vivir sin riesgo.

La violencia vicaria: mirar el daño de frente

La violencia vicaria es una de las expresiones más extremas de la violencia machista. El agresor utiliza a las hijas o hijos para castigar a la madre, para prolongar el control incluso después de la separación, para convertir el vínculo afectivo más profundo en un arma.

Como trabajadoras sociales, tenemos la responsabilidad de nombrar este dolor, detectarlo sin duda, actuar sin neutralidad y acompañar desde una práctica anclada en la justicia y el cuidado. La neutralidad -como tantas veces recordamos- no existe ante la violencia. Quien dice “no tomar partido” ya está tomando partido: por el agresor, por el sistema y por el mantenimiento del daño.

Nuestro posicionamiento

En el Colegio Oficial de Trabajo Social de Granada afirmamos con claridad que:

  • No hay paternidad donde hay violencia.
  • No hay seguridad si no se escucha a la infancia.
  • No hay protección si se sitúa el derecho del agresor por encima del bienestar de quienes sufren su violencia.
  • No hay ética profesional sin compromiso feminista y sin una defensa firme de los derechos humanos.

Este 25N nos sumamos a todas las mujeres que han sobrevivido, a quienes siguen luchando por salir y a las criaturas que necesitan que el mundo adulto -y las instituciones- estén a la altura.

Hoy, y todos los días, sostenemos esta convicción: “Un maltratador no es un buen padre”. Y el trabajo social no será neutral ante la violencia.