Un primer trimestre que marcó el pulso: derechos, ciudad y cuidados colectivos

Un primer trimestre que marcó el pulso: derechos, ciudad y cuidados colectivos

El año arrancó con una postura clara ante una de las mayores tragedias humanitarias de nuestro tiempo. El anuncio de un alto el fuego en Gaza, que entraría en vigor ese domingo, trajo consigo un rayo de esperanza en medio de una devastación insoportable. Pero dijimos lo que había que decir: ese acuerdo llegaba tarde para las víctimas civiles que seguían siendo blanco de ataques hasta su implementación. Más de 46.000 personas asesinadas, miles de desaparecidas y más de dos millones obligadas a huir de sus hogares. Desde el Colegio Oficial de Trabajo Social de Granada alzamos la voz en defensa de la paz, recordando que ninguna paz real puede construirse sin justicia. Así abrimos el año: situando los derechos humanos en el centro.

También en enero apoyamos la candidatura de Granada a capital europea de la cultura 2031, entendiendo la cultura como un derecho que articula ciudad, identidad y cohesión social. Y no dejamos pasar el traslado del comedor social: rechazamos una decisión que expulsaba a personas vulnerables de un espacio accesible y compartido para reubicarlas junto a un centro de alta tolerancia y otro de drogodependencias. Señalamos lo que esa decisión implicaba: estigma, segregación y un urbanismo que penaliza a quienes más necesitan apoyo.

En febrero miramos hacia dentro de la profesión y hacia las desigualdades que atraviesan nuestro territorio. Pusimos el foco en la visibilización del colectivo LGTBIQ+ dentro del trabajo social, reivindicando su presencia y sus aportes, y denunciando los armarios estructurales que aún condicionan nuestra práctica. Además denunciamos los cortes de luz en la Zona Norte, un problema que no se puede seguir maquillando como una cuestión técnica. Lo nombramos como lo que es: una vulneración prolongada de derechos fundamentales en un barrio que lleva demasiado tiempo cargando con el abandono institucional.

Marzo llegó atravesado por la lucha feminista, con el 8M como eje. Fue un mes para recordar que la desigualdad estructural sigue marcando la vida de muchas mujeres y que el trabajo social tiene la responsabilidad de señalarla sin suavizarla. Y fue también el mes en el que nació el canal seguro de denuncias: una herramienta imprescindible para que nuestras compañeras puedan comunicar situaciones de acoso o violencia en un espacio protegido, sin miedo a represalias. Una apuesta por el cuidado colectivo dentro de la propia profesión.

Este primer trimestre mostró el tipo de Colegio que queremos seguir siendo: un Colegio que toma postura, que nombra lo que duele, que denuncia lo que vulnera y que acompaña desde la dignidad. Un Colegio que no se acomoda. Un Colegio que se posiciona.