

El segundo trimestre del año volvió a situar al Colegio en una posición incómoda, pero necesaria. Abril fue un mes para nombrar violencias que a menudo se normalizan o se invisibilizan. Alzamos la voz contra la esclavitud infantil, recordando que no es una realidad lejana ni ajena a los circuitos económicos que sostenemos. También denunciamos la publicación de un libro sobre el asesinato de José Bretón, cuestionando la mercantilización del crimen y el daño que estas narrativas vuelven a causar sobre las víctimas y sus entornos. Lo hicimos desde una posición clara: no todo vale en nombre del interés editorial o del morbo.
Ese mes pusimos además el foco en la brecha digital de género, una desigualdad que condiciona el acceso a derechos, recursos y oportunidades, y que sigue afectando especialmente a mujeres en contextos de mayor vulnerabilidad. Y hablamos de intervención social en infancia, defendiendo una práctica que proteja sin controlar, que acompañe sin violentar y que sitúe el interés superior de niñas y niños por encima de lógicas punitivas o burocráticas.
Mayo estuvo marcado por una preocupación creciente por el debilitamiento de los sistemas públicos de cuidado. Denunciamos el desmantelamiento del trabajo social sanitario, alertando de las consecuencias que tiene vaciar de contenido social la atención a la salud. Vinculamos esta pérdida a la atención en salud mental y a la intervención social asociada, recordando que no hay bienestar posible si se separa lo clínico de lo social. También pusimos el foco en la llegada masiva de personas migrantes a El Hierro, reclamando una respuesta basada en la humanidad, la acogida y el respeto a los derechos, frente a discursos deshumanizantes y políticas de contención.
En junio, el derecho a la vivienda ocupó un lugar central. Señalamos la imposibilidad de hablar de inclusión social sin garantizar un acceso digno a una vivienda, en un contexto de precios desbocados, expulsión de vecinas y precariedad habitacional creciente. Y mientras seguíamos denunciando, continuamos fortaleciendo el Colegio por dentro: avanzamos con webinarios como espacios de formación y reflexión compartida, y consolidamos el uso del canal seguro como una herramienta real de protección y cuidado profesional.
Este segundo trimestre volvió a dejar claro que el trabajo social no puede limitarse a gestionar consecuencias. Nuestra tarea pasa por señalar las causas, incomodar cuando es necesario y defender derechos básicos frente a su constante erosión.
