Un verano para no apartar la mirada

Un verano para no apartar la mirada

Mientras gran parte del discurso público se desplazaba hacia el descanso y la evasión, el verano volvió a recordarnos que las violencias no se toman vacaciones. Durante estos meses el Colegio mantuvo el foco en la violencia machista, insistiendo en que el calor, el aislamiento y la ruptura de rutinas incrementan los riesgos para muchas mujeres. Nombramos una realidad que se repite cada año y que sigue sin encontrar una respuesta institucional suficiente.

En ese contexto defendimos públicamente a Juana Rivas, señalando la violencia vicaria institucional que la obligó a devolver a su hijo a Italia. Denunciamos un sistema judicial que, lejos de proteger, reproduce el daño y sitúa a las mujeres en una posición de indefensión, ignorando los contextos de violencia y anteponiendo formalismos legales al interés superior del menor. Lo dijimos con claridad: no hay protección posible cuando las instituciones se convierten en parte del problema.

El genocidio en Gaza siguió atravesando nuestros posicionamientos. No aceptamos el silencio ni la equidistancia como opción política. Señalamos la gravedad de lo que estaba ocurriendo y defendimos que la vida palestina importa, reclamando responsabilidades a una comunidad internacional que sigue fallando de manera sistemática.

También pusimos el foco en la Global Sumud Flotilla, destacando la dignidad de una iniciativa civil que, desde la solidaridad internacional, desafía el bloqueo y la violencia con presencia, cuidado y resistencia no violenta. Frente a la deshumanización, sostener la humanidad es una forma de resistencia.

El verano fue también un momento para seguir visibilizando las disidencias. Recordamos que cuando llegan las vacaciones se intensifican situaciones de discriminación y violencia que afectan especialmente a personas LGTBIQ+, a mujeres, a personas racializadas y a quienes ya viven en los márgenes. Denunciamos que la suspensión de servicios y la precarización del cuidado dejan a muchas personas aún más expuestas.

Este verano reafirmamos algo esencial: el trabajo social no se interrumpe cuando baja la actividad institucional. Nuestro compromiso es constante, especialmente cuando las violencias se normalizan y el silencio intenta ocupar el espacio del cuidado y la justicia.