

La agresión sufrida por una mujer trans este fin de semana en La Bañeza (León), presuntamente a manos de un grupo de varias personas y acompañada de insultos tránsfobos, vuelve a situar la violencia contra las personas trans en el centro. No hablamos de un hecho aislado ni de un episodio desconectado de la realidad social, sino de una manifestación directa del rechazo y la deshumanización que siguen presentes.
Este tipo de agresiones no surgen de la nada. Se producen en un contexto donde todavía se cuestiona la identidad de las personas trans, se legitiman discursos de exclusión y se toleran situaciones de discriminación en espacios cotidianos. Cuando eso ocurre, la violencia encuentra terreno abonado para aparecer.
Desde el trabajo social, esta realidad interpela de forma directa a nuestra responsabilidad profesional. No sólo en el acompañamiento a las víctimas, sino también en la denuncia de las violencias estructurales que las sostienen y en la defensa activa de los derechos humanos.
Desde el Colegio Oficial de Trabajo Social de Granada, mostramos nuestro rechazo ante esta agresión y reiteramos la necesidad de actuar con firmeza frente a la violencia tránsfoba. Garantizar entornos seguros y libres de discriminación no es una opción: es una obligación colectiva.
